
La puerta se llevó consigo la palabra.
El romance bebió un sorbo
y bastó el suspiro para descubrir el engaño.
Tus batallas perdidas fueron más al instante,
y el fracaso nuestro único acompañante.
Tu servicio conservó los elogios,
el permiso y el saber.
Los combates resumieron tus sollozos
y entendí de pronto esa mirada perdida.
Ambos lagos sumirgieron el ego de un idiota
que vivía encerrado, en la más pura existencia y certeza de que ser libre de verdad,
depende de la oportunidad de equivocarse.
no dejes que sea un adios

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